En Septiembre de 2024 junto a mis padres, tuve el privilegio de visitar por segunda vez la ciudad de Barcelona, una ciudad impresionante en cuanto a su cultura, importancia, arquitectura y un largo etcétera de grandiosas cualidades que hacen casi una obligación su visita permanente.
Siento que visualmente existe mucho estimulo
considerando que Gaudí es uno de los principales iconos representativos de la
arquitectura, diseño y arte diferenciador de la ciudad, logrando generar un
sello único desde las coloridas e impresionantes creaciones de este prócer.
Barcelona es identidad propia y genuina, es gastronomía, cultura, playa y
mar, borde costero prístino, historia, fútbol, catalán, tapas, birras, cava,
bohemia, universidad, arte, autentica buena vida y un largo etcétera.
Barcelona encarna una multiplicidad de sensaciones
latentes y profundas.
Nuestra primera visita fue una semana después de los
atentados ocurridos en la Rambla, en la que un terrorista ingresó a esta
concurrida avenida matando y dejando herida a muchas personas.
A pesar del ambiente repleto de incertidumbre e
inseguridad que impregnaba a la ciudad, decidimos de igual forma visitarla.
Llegamos el día 18 de septiembre y nos encontramos con
casi la mayoría de los catalanes dispuestos en las calles repletando plazas,
metros, parques y exteriores vestidos con los colores propios de la bandera
catalana, esto debido a que justo ese día es cuando se celebra la Fiesta
Nacional. Fue una casualidad afortunada el haber vivido y sentido aquella
experiencia colectiva.
Creo que en Barcelona es donde fue la primera vez que
comí tantas tapas y pinchos y donde más he bebido sangría.
SMS.
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